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¿Desgaste o dolor de espalda? El nombre también importa.

Imagínate que vas a consulta por dolor de espalda y te dicen:

—Tienes desgaste y degeneración en la columna.

Uno escucha “degeneración” y empieza a pensar que su espalda ya no funciona bien.

Ahora imaginemos el mismo caso, pero esta vez te explican:

—Estás pasando por un episodio de dolor lumbar. No encontramos señales de algo grave y hay cosas que podemos hacer para recuperar movimiento y confianza.

El dolor puede ser el mismo. Lo que cambia es la historia que la persona se lleva a casa.

Una palabra puede cambiar nuestras decisiones

En 2026 se publicó una revisión de cinco estudios aleatorizados con 7,575 participantes. Los investigadores presentaron casos clínicos parecidos, cambiaron el nombre del diagnóstico y después preguntaron qué tan grave parecía el problema y qué tratamiento creían necesario.

En uno de esos estudios, 1,375 personas leyeron el mismo caso de dolor lumbar, pero recibieron diagnósticos diferentes: “protusión discal”, “degeneración”, “artritis”, “esguince lumbar”, “dolor lumbar inespecífico” o “episodio de dolor lumbar”.

Con la palabra “artritis”, la necesidad percibida de realizar estudios de imagen fue de 6 sobre 10. Con “degeneración” y “protusión discal” fue de 5.7. Con “episodio de dolor lumbar” bajó a 4.2.

Mismo caso. Distinto nombre. Distinta reacción.

Los estudios sobre dolor de hombro encontraron algo parecido: cuando el diagnóstico sonaba más a daño estructural, las personas tendían a pensar que necesitaban más estudios, atención especializada o cirugía.

Entonces, ¿está mal decir “degeneración”?

No necesariamente.

Diagnosticar es importante. Nos ayuda a orientar el tratamiento y a reconocer problemas que requieren atención diferente o urgente. Tampoco se trata de esconder resultados o cambiar una palabra incómoda por otra bonita.

El problema comienza cuando un término comunica más daño o más certeza de la que realmente tenemos.

Para un profesional, “desgaste” puede ser una descripción. Para el paciente puede significar: “si me muevo, me voy a desgastar más”.

Además, esta investigación tiene límites. Las personas respondieron a casos hipotéticos. No sabemos si después solicitaron una resonancia, recibieron una cirugía o tuvieron más dolor. La certeza de la evidencia fue calificada como baja.

Por eso no podemos afirmar que una palabra provoque dolor crónico. Sería una conclusión mucho más grande que el estudio.

Cambiar el nombre tampoco es suficiente

Decir únicamente “tienes dolor lumbar inespecífico” puede sonar a:

—No sé qué tienes, pero gracias por venir.

Una palabra menos alarmante no reemplaza una explicación clara.

Podríamos decir algo como:

—La imagen muestra cambios frecuentes con el paso del tiempo. Vamos a relacionarlos con tus síntomas y con lo que encontramos al evaluarte. No veo señales de algo grave y tenemos opciones para ayudarte a recuperar movimiento y capacidad.

La resonancia tampoco es la villana de esta historia. Hace muy bien su trabajo: tomar imágenes. El problema aparece cuando queremos que ella sola nos cuente toda la historia del dolor.

¿Qué puede preguntar una persona con dolor?

  • ¿Este hallazgo explica necesariamente mis síntomas?

  • ¿También aparece en personas sin dolor?

  • ¿Qué encontraron en mi evaluación que cambia el tratamiento?

  • ¿Qué puedo hacer con seguridad mientras mejoro?

  • ¿Qué señales indicarían que necesitamos estudiar algo más?

Una buena consulta no debería dejarte solamente con el nombre de una estructura. También debería ayudarte a entender qué puedes hacer a partir de hoy.

Mi reflexión clínica

En fisioterapia discutimos mucho sobre ejercicios, repeticiones y técnicas. Todo eso importa. Pero a veces la primera intervención sucede antes: cuando explicamos qué creemos que está pasando.

Para mí, un buen diagnóstico debe ayudarnos a tomar decisiones seguras sin hacer que la persona sienta que recibió una sentencia. Esta es mi interpretación clínica, no una conclusión demostrada por la revisión.

Las palabras no sustituyen al tratamiento, pero forman parte de él. Antes de elegir el término más técnico, conviene preguntarnos: ¿qué historia se llevará esta persona a casa después de escucharlo?

Bibliografía

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